Apps de patrimonio: de la comunicación a la interpretación [es]

A medida que el uso de los smartphones empezó a popularizarse y todos nos adentramos en la fase hay que estar, las instituciones patrimoniales intuyeron la importancia que de cara al futuro tendría su presencia en el mundo de los dispositivos móviles y, sin más, se apresuraron a desarrollar las primeras apps del sector. De la mano de los respectivos departamentos de comunicación, que vieron en las apps una nueva vía de contacto con los potenciales visitantes, los museos de arte fueron los primeros en ponerse manos a la obra y publicar las primeras aplicaciones.

Los resultados obtenidos, sin embargo, fueron bastante decepcionantes —pocas descargas en relación con el elevado coste de producción— y no colmaron las expectativas que auguraba la inicial fiebre de las apps. Desengañadas por el poco éxito conseguido, estas instituciones culturales vieron como, además, aparecían las primeras webs móviles, para muchos, la gran competencia de las apps. Si el elevado coste de producción de una app ya representaba una importante barrera de entrada, la aparición de las webs móviles todavía cuestionaba más la inversión en una app que, en lugar de aprovechar los recursos existentes, exigía de un nuevo desarrollo —y para diferentes plataformas— e implicaba una dependencia de por vida con los programadores. Y si el coste de producción y la competencia de las webs móviles no eran suficientes elementos para disuadir a cualquier institución de tener sus propias apps, la coyuntura económica, especialmente complicada para el sector cultural, ha acabado convirtiéndolas en un complemento de lujo.

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Llegados a este punto, no nos queda más remedio que preguntarnos si los smartphones y las apps tienen cabida en el mundo del patrimonio y sus instituciones. ¿Acaso un instrumento tan versátil como un smartphone —puede ser una linterna, un teléfono, un mapa, una red social, una cámara de fotos, un juego, una televisión…— no puede ofrecer a una institución patrimonial ninguna utilidad suficientemente valiosa como para justificar su coste? Intuimos que la respuesta es que sí y que la clave del éxito radica en descubrir cuáles podrían ser estas utilidades. Y puesto que este trabajo debe ser realizado específicamente por cada institución con relación al patrimonio del cual es responsable, nos limitaremos a apuntar cuatro de las cuestiones que consideramos esenciales a la hora de plantear una app para la interpretación del patrimonio.

LAS CUATRO CUESTIONES A CONSIDERAR

La primera hace referencia al propio concepto de app. Una app no es una red social, ni una brújula, ni una audioguía. Es todas estas cosas y ninguna de ellas a la vez. Y es que una app no es más que un formato de interacción entre los usuarios y sus smartphones. Deberíamos evitar confundir, por lo tanto, el formato app con su uso, y ser conscientes de que una app no tiene valor por el simple hecho de ser una app (ni implica obligatoriamente un elevado número de descargas).

Esta distinción nos conduce a la segunda de las consideraciones que queremos destacar. Si obviamos por unos momentos la naturaleza “formatística” de la app y ponemos el enfoque en su función, descubriremos que muchas de las apps patrimoniales que hay en el mercado no ofrecen más servicios que los que ofrece la web institucional respectiva —y recordemos que para estos casos ya existen las webs móviles—, y que prácticamente ninguna de ellas enriquece nuestra relación con el recurso patrimonial al que hacen referencia. En general, podemos afirmar sin complejos que más que interpretar, estas apps se limitan a presentar el patrimonio.

El uso de una app siempre viene motivado por un estímulo exterior al smartphone, ya sea entrar en contacto con los amigos, ver mejor en la oscuridad o comprender mejor una obra de arte. Resulta imprescindible que cada institución se pregunte cuál puede ser este estímulo —el más trivial es el interés de los visitantes por el recurso patrimonial— y que se plantee la app como respuesta a este estímulo convirtiéndola, por ejemplo, en una verdadera herramienta para ayudar a la comprensión del recurso en cuestión.

La tercera de las consideraciones hace referencia a las funcionalidades tecnológicas que las apps y los smartphones nos ofrecen. Los dispositivos móviles nos han abierto un amplio abanico de posibilidades para la interpretación del patrimonio que no podemos dejar escapar: desde la geolocalización o el vídeo, hasta la realidad aumentada o el 3G. La infinidad de recursos tecnológicos disponibles nos obliga a hacer una importante labor de selección, planificación y, en definitiva, de edición. La elección del formato y la tecnología específicos en que se materializa la app —un texto, una imagen, un juego, un mapa georeferenciado, un vídeo, un scanner de QR— no pueden dejarse al azar, sino que ambos tienen que venir determinados por la interconexión cuidadosamente elaborada entre el recurso patrimonial, el discurso interpretativo y la propia tecnología.

Para concluir, queremos insistir en una cuarta y última reflexión que subyace a todo lo que acabamos de comentar (y que ya planteamos en un post anterior): más allá del formato, la función y los recursos tecnológicos utilizados, lo que realmente articula una app de interpretación del patrimonio es su discurso de fondo, y las decisiones que afectan al formato, la función y los recursos tecnológicos derivan directamente de este discurso. Para asegurar la coherencia y la idoneidad de la aplicación, es decisivo, por lo tanto, empezar su diseño por la construcción de este discurso.

Estamos convencidos de que el día en que no se obvie la fase de planificación y aprovechemos todas las posibilidades que nos dan los dispositivos móviles, las apps y los smartphones se convertirán en la herramienta por excelencia de la interpretación del patrimonio. Y seguramente una señal de que habremos llegado a ese día será el hecho de que las apps dejarán de surgir como iniciativas de los departamentos de comunicación y pasarán a ser un formato más de trabajo de las áreas de comisariado e interpretación.

1 comment for “Apps de patrimonio: de la comunicación a la interpretación [es]

  1. Marcela Duana
    29/08/2013 at 06:46

    Al pensar en una app relacionada con el patrimonio, vinoa mi mente la famosa app de CONACULTA ¡Pésima! pues e ssólo un mapa con los museos más cercanos.
    Pienso en la posibilidad de una app donde sea posible subir pequeñas reseñas de no más de cierto número de carácteres y una imagen que permitan describir tu experiencia con el sitio, exposición, museo visitado e experiencia estética vivida.

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